dimarts, 30 de novembre de 2010

Mudanza

De vuelta a casa después de una dura mañana de trabajo, coincidí en el vestíbulo con una señora cargada con bolsas de supermercado; amablemente le abrí la puerta del ascensor y, aunque ella se bajaba antes que yo, le cedí el paso. Yo vivo en el quinto y ella iba al tercero a visitar a su hermana, ya mayor, que vivía sola y que ya llevaba una semana enferma. Me dijo que le había hecho la compra y que aprovechando que estaba aquí le prepararía comida para un par de días. Me lo contaba mientras subíamos y entretanto le sacaba las bolsas del ascensor y ella estaba abriendo la puerta del piso. Puestos, se las entré hasta la cocina a la que –dado que todos los pisos del edificio son iguales– llegé sin ninguna dificultad, mientras ella iba a tranquilizar a su hermana diciéndole que ya había llegado y que un vecino muy amable le estaba preparando la comida y que luego le daría las medicinas que también había traído y que, como todo estaba en orden, ella se iba pues tenía el día muy ocupado y no se podía quedar ni un minuto más; que ya volvería la semana que viene. Cuando reaccioné, la señora –que luego supe se llamaba Remedios– ya se había evaporado y yo estaba en la cocina sacando la compra de las bolsas. No sé todavía porqué, pero hice la comida, comí con ella y luego le di el jarabe y las pastillas, y después de comer me volví al trabajo. Aurora –que así se llama la anciana enferma– tenía un simple constipado del que pronto se repuso; es una persona encantadora y muy divertida, y yo no he vuelto a subir al quinto, me he mudado. De Remedios no hemos vuelto a saber.

divendres, 26 de novembre de 2010

Lapsus

Cuando, de alguien que está teniendo una salida de tono, decimos que se está pasando, de hecho, este alguien, está siendo más él mismo que nunca. Es cuando su parte desconocida –para nosotros– y controlada se desboca y, muy a pesar suyo, aflora. Y cuando este, el que se ha pasado, consciente del hecho, se disculpa con que ha tenido un lapsus (afortunadamente lo ha tenido), nos está diciendo que él sólo es él al completo de lapsus en lapsus; que, el qué habitualmente tenemos delante, sólo es una parte de él, sólo una de las caras, la que le conviene. Esto es algo que les pasa con demasiada frecuencia, por poner un ejemplo, a los políticos: que se pasan el día mintiendo y luego se disculpan cuando dicen la verdad. Habría que pincharles más a menudo, a los políticos, para que se pasasen aun mucho más y pudiéramos, así, conocerlos mejor, saber con quien nos la estamos jugando. Aunque, de todas maneras, creo que a todos nos vendría bien aprender a pasarnos más –en el sentido de dejar aflorar más el qué somos– y disculparnos menos por el qué en realidad, y a veces por fortuna, somos. Porque, al final, en cualquier caso, es lo que hay, somos el qué somos. Digo.

dimarts, 23 de novembre de 2010

Una de Disney

(basada en una idea de Darvin y puesta en escena de Asimov)

Es constatable que pasamos buena parte de nuestras vidas bajo tierra: en el tren, en el metro, en los parkings, en las plantas subterráneas de los grandes almacenes... y algunos, los que allí trabajan, se pasan muchas horas más. Cual hormigas bípedas –ya casi están por crecernos las antenas– nos desenvolvemos, en el subsuelo, con absoluta normalidad.

Por otra parte, ya en la superficie, tenemos nuestras viviendas y nuestros despachos en enormes colmenas a las que, al no disponer de alas, accedemos a través de elevadores mecánicos. En cuanto a las alas, todo se andará. Hormigas de día, abejas de noche. Y todo eso ¿es idea de alguien? ¿alguien lo ha previsto así? o, eso es la evolución.

Dicen que antes que primates fuimos anfibios; si fuese así, ahora podríamos ir para ciber hormejas, una confluencia de hormiga, abeja y iPad que, aunque nos falte todavía solucionar algunos desajustes, estamos en la dirección apropiada.

Sigo esperando que abran las taquillas para Marte.

diumenge, 21 de novembre de 2010

Arribava tard a la feina

Tot havia estat un somni, un mal somni. Es despertà amoïnada i desorientada però recompensada per la seguretat de saber que s'havia acabat. Eren quasi les sis del matí i ja no dormí més. A dos quarts de vuit, com cada dia, es va llevar i a tres quarts de nou sortia cap a la feina. En el trajecte en metro recordà el somni i observà que tornava a sentir-se anguniosa i desorientada. Va intentar calmar-se dient-se a sí mateixa que el somni s'havia acabat, que estava ben desperta, al metro, i camí de l'oficina. A l'oficina, els seus companys s'estranyaren que a dos quarts de deu no hagués arribat encara, puntual com era ella i tenint una reunió en un no-res. Van decidir trucar-la al mòbil, potser estava atrapada en alguna de les infinites avaries del metro i no tardaria en arribar; en no contestar la trucaren al telèfon fix, doncs, tal vegada no es trobava prou bé i havia decidit quedar-se a casa i no es recordava que tenia la reunió. Mentrestant, al metro, ella, capficada encara en el somni, va tardar en descobrir que el telèfon que estava sonant no era el mòbil sinó el fix de casa. Abans de despenjar mirà el rellotge: tres quarts de deu! Feia tard a la feina.

dimecres, 17 de novembre de 2010

Aquesta és la qüestió

"Hi ha vegades que un preferiria no ser-hi. D’altres, es planteja la qüestió del ser-hi o no ser-hi amb el conseqüent daltabaix d’haver de decidir. Però el més habitual i desesperant és voler ser-hi i no poder". Ho llegeixo en una obra d’assaig de Breth Bretter. Penso que en Bretter es precipita en donar per suposada l’existència del ser. Primer s’hauria de constatar l'existència de la tal desitjada existència. Perquè, i si un no és? Si un no és no pot ser-hi, amb la qual cosa la reflexió de Bretter seria pura entelèquia. És més, a què es refereix: a un ser-hi físic, corpori o, a un ser-hi psíquic, mental o, a un ser-hi essencial? El problema és que l'essència, com a tal és incomprensible i inabastable per naturalesa intrínseca. Tota manera, i tornant a la disquisició d’en Bretter, a mi em passa: que a vegades estant al camp veient un partit em penedeixo de ser-hi; tot i que el més habitual és que vulgui ser-hi i no pugui pagar-m’ho. He de buscar una altra feina en la que em paguin millor. Aquesta és la qüestió.

O eso parece

Parece cono si los tiempos andasen desbocados y prevaleciera el sálvese quién pueda. La contundencia de los acontecimientos sólo es comparable al desconcierto que estos causan. Lo que ayer era un mullido colchón donde solazarse, hoy es una tabla de faquir clavada en la espalda; lo que hoy es una rama donde cogerse, mañana será una astilla en nuestras manos. Y, mientras, seguimos pidiendo peras al olmo. ¡Será posible! Tan pronto como abran las taquillas, me cojo billete para Marte.

divendres, 12 de novembre de 2010

Otro elefante

Es decepcionante constatar la dependencia intrínseca del ateísmo respeto al teísmo. Constatar, que para formular su máxima aspiración, el ateísmo, necesita como condición sine qua nom de la aceptación de la idea de un dios. Es frustrante comprobar que la existencia del ateísmo pasa por admitir la existencia de lo que se quiere negar. Salvando las distancias pertinentes, me recuerda a aquel perverso fenómeno que se produce cuando alguien nos dice que no pensemos en un elefante: no podemos no pensar en él, en ese mismo momento la palabra elefante se convierte en una imagen omnipresente incrustada en nuestro cerebro. No podemos evitar su presencia, no podemos negarla. ¡Nos han jodido! Recuperando las pertinentes distancias, la religión –estrategia fundamental del teísmo– ¡sí nos ha jodido bien! Ahora mismo, por más ateos que seamos, ¿somos capaces de imaginar un mundo sin dioses? y ¿sin elefantes? Ya digo, una vez más, nos han jodido.


dijous, 11 de novembre de 2010

DESDADOS

En un lejano país, cerca del fin del mundo, habitaban los desheredados. No estaban allí porque alguien les hubiese enviado, se iban por su propia voluntad. Allá, en Desdados, no mandaba nadie, no había gobierno ni policía ni ejército; no practicaban ninguna religión ni tampoco se regían por ninguna norma. Lo que les unía era que todos eran desheredados de una u otra causa o cosa, incluso los había auto-desheredados de todo. La vida allí era apacible, ni feliz ni infeliz; ni mejor ni peor. Pero tanto corrió la voz de la placidez con que se vivía en Desdados, que pronto empezaron a llegar gentes neo-desheredadas y, más adelante otras no-desheredadas, luego excursionistas, turistas, y poco después... Mucho cambió la cosa, ¿para qué continuar? Moraleja: si un día descubres un restaurante donde se come bien, bien de precio y tranquilo; donde, además, se pueda fumar sin molestar: sé solidario y no se lo digas a nadie.



diumenge, 7 de novembre de 2010

De arriba a abajo

Imposible no verlo, el grafiti abarcaba casi la mitad derecha de la fachada del edificio. Estaba escrito en vertical, de arriba a abajo, desde la azotea hasta la alzada del primer piso con letras de aproximadamente un metro de altura; la pintada más grande que he visto. El edificio es la sede de un banco (da igual cual) y la pintada rezaba: ¿Porqué le llaman crisis, cuando no es más que capitalismo? La frase no es original pero tiene su punta, me dije para mis adentros, mientras continuaba andando por la acera de enfrente, al tiempo que me proponía el ejercicio solaz de ir cambiando la última palabra del enunciado del grafiti y sorprenderme, así, por lo sugerente de los resultados. Naturalmente, sin ánimo de trivializar ni ofender a nadie, sólo por puro ejercicio. Y empece. Por ejemplo, camello: ¿Porqué le llaman crisis, cuando no es más que un camello? Imaginar la crisis como un camello me hizo sonreír –nada fácil en estas circunstancias. Luego le llegó el turno a botón de muestra: ¿Porqué le llaman crisis, cuando no es más que un botón de muestra? Esta posibilidad, en cambio, me perturbó, ni rastro de la sonrisa. Continué con bajada de pantalones: ¿Porqué le llaman crisis, cuando no es más que una bajada de pantalones? Y por unos segundos se me pusieron los pelos de punta y me cambió el semblante; creo que incluso la gente con la que me cruzaba me miraba con asombro. Pero lo peor vino cuando el ejercicio consistió en situar la afirmación "bajada de pantalones" seguida de "botón de muestra", ahí se me puso cara de idiota. Más. Todavía ando intentando subírmelos. ¡Que jodido, cuando el mango de la sartén lo manejan otros! O, ¿es puro masoquismo, lo nuestro?

dimarts, 2 de novembre de 2010

Bon dia a tothom

Darrerament he conclòs que jo —jo mateix— som dos. Absolutament iguals, però som dos. Encara que idèntics, però ni fem ni pensem igual, ni ho fem al mateix temps. Esquizofrènia? No, ni de lluny, és ben real. El que ens preocupa, però, (i amb això coincidim) és que els altres puguin adonar-se d’aquest fet. És més, podria ser que, a hores d’ara, ja ho haguessin copsat i no ens haguessin dit res per no ferir la nostra sensibilitat, per no molestar-nos, perquè no ens excitéssim; i, donat el cas, ens estiguessin fent el joc convençuts que no ens n'adonarem. De fet, en algun moment hem notat algunes mirades que ara, des d’aquesta perspectiva, tindrien sentit. Ara entendriem també algunes actituds, un cert tipus de comentaris. Paranoia? No: senzillament, ens han descobert. Ara mateix, fa una estona, quan ha vingut la infermera per a donar-nos les pastilles i deslligar-nos perquè féssim la passejada diària, ha fet un comentari d'allò més desafortunat i sospitós: “Bon dia a tothom”.  Bon dia?  A tothom?