dimecres, 8 de setembre de 2010

Comunicación, no pasa nada

La tecnología avanza a ritmo exponencial, vertiginoso. Tenemos –y digo tenemos porque es con el dinero de todos aunque no seamos norteamericanos ni rusos– a unos señores astronautas viviendo en un habitáculo a no sé cuantos quilómetros de la tierra, ahí colgados en el espacio, y con los que nos comunicamos con la misma naturalidad que si estuviesen en el piso de arriba. Tenemos unos robots deambulando por suelo marciano, o sea, en Marte, y con los que también nos comunicamos como si estos estuvieran un poco más lejos, en el ático. Pero a pesar de todo esto, aquí abajo, entre nosotros la comunicación es muy deficiente, nos comunicamos fatal, vaya. Pero no pasa nada. Hemos descubierto y puesto nombre a miles de planetas, estrellas y galaxias, pero no conocemos el nombre de nuestro vecino. Sabemos de qué está compuesta la materia y de qué no está compuesta la antimateria, y no sabemos de que lado calzan nuestros semejantes. Pero no pasa nada, ¡que carajo nos importan los otros!