diumenge, 7 de novembre de 2010

De arriba a abajo

Imposible no verlo, el grafiti abarcaba casi la mitad derecha de la fachada del edificio. Estaba escrito en vertical, de arriba a abajo, desde la azotea hasta la alzada del primer piso con letras de aproximadamente un metro de altura; la pintada más grande que he visto. El edificio es la sede de un banco (da igual cual) y la pintada rezaba: ¿Porqué le llaman crisis, cuando no es más que capitalismo? La frase no es original pero tiene su punta, me dije para mis adentros, mientras continuaba andando por la acera de enfrente, al tiempo que me proponía el ejercicio solaz de ir cambiando la última palabra del enunciado del grafiti y sorprenderme, así, por lo sugerente de los resultados. Naturalmente, sin ánimo de trivializar ni ofender a nadie, sólo por puro ejercicio. Y empece. Por ejemplo, camello: ¿Porqué le llaman crisis, cuando no es más que un camello? Imaginar la crisis como un camello me hizo sonreír –nada fácil en estas circunstancias. Luego le llegó el turno a botón de muestra: ¿Porqué le llaman crisis, cuando no es más que un botón de muestra? Esta posibilidad, en cambio, me perturbó, ni rastro de la sonrisa. Continué con bajada de pantalones: ¿Porqué le llaman crisis, cuando no es más que una bajada de pantalones? Y por unos segundos se me pusieron los pelos de punta y me cambió el semblante; creo que incluso la gente con la que me cruzaba me miraba con asombro. Pero lo peor vino cuando el ejercicio consistió en situar la afirmación "bajada de pantalones" seguida de "botón de muestra", ahí se me puso cara de idiota. Más. Todavía ando intentando subírmelos. ¡Que jodido, cuando el mango de la sartén lo manejan otros! O, ¿es puro masoquismo, lo nuestro?