divendres, 12 de novembre de 2010

Otro elefante

Es decepcionante constatar la dependencia intrínseca del ateísmo respeto al teísmo. Constatar, que para formular su máxima aspiración, el ateísmo, necesita como condición sine qua nom de la aceptación de la idea de un dios. Es frustrante comprobar que la existencia del ateísmo pasa por admitir la existencia de lo que se quiere negar. Salvando las distancias pertinentes, me recuerda a aquel perverso fenómeno que se produce cuando alguien nos dice que no pensemos en un elefante: no podemos no pensar en él, en ese mismo momento la palabra elefante se convierte en una imagen omnipresente incrustada en nuestro cerebro. No podemos evitar su presencia, no podemos negarla. ¡Nos han jodido! Recuperando las pertinentes distancias, la religión –estrategia fundamental del teísmo– ¡sí nos ha jodido bien! Ahora mismo, por más ateos que seamos, ¿somos capaces de imaginar un mundo sin dioses? y ¿sin elefantes? Ya digo, una vez más, nos han jodido.