divendres, 3 de desembre de 2010

Convivencia

Me observa todo el rato. Está pendiente de todo lo que hago o no hago, aunque como ahora mismo, en el sofá, enroscado, parezca que duerma –jurarías que duerme. Es mi gato. Tan especial como cualquier otro pero este es el que me ha tocado a mi, a pesar de que él esté convencido de todo lo contrario. Porque él es quien decide qué y cuándo se hace; él es quien escoge sofá o butaca; y también él es quien resolvió desde el primer día dormir en mi cama como si fuera la suya. Aún así, es condescendiente conmigo y deja que piense que soy yo quien manda. Podríamos decir que hemos encontrado el equilibrio: yo también dejo que él se crea que hace lo que quiere y cuando quiere. Sin ánimo de ofender, quizás vivir en pareja –para que funcione– supone encontrar algún equilibrio de este orden. Quien sabe. Al menos a mi, con el gato, me funciona. Y, pues, qué remedio.