dimarts, 21 de juny de 2011

Sin ella


Se salió de la calzada para, campo a través, llegar al borde de un pequeño prado. Era noche de luna llena. Apagó los faros, paró el motor y salió del coche. En medio de un inquietante silencio fue avanzando pausadamente hacia el centro del prado precedido por su sombra que paso a paso parecía indicarle el camino; aquella intensa luz, entre nácar y plata, confería al paraje –ya de por sí solitario– un aspecto casi lunar. Se detuvo, miró a su alrededor y tuvo la sensación de ser único, de que nadie más existía en el planeta y, quizás, en el universo. Inmóvil y fascinado con la mirada extraviada en el firmamento perdió la noción del tiempo, y cuando al fin bajó la vista descubrió que su sombra le había abandonado, la que hasta hacía unos momentos había sido su inseparable sombra no se hallaba donde sin duda debiera. Estaba definitivamente e infinitamente solo. Giró sobre sí y pudo ver como ella, su sombra, se dirigía hacia el coche. Pensó en alcanzarla y retenerla pero seducido por aquella soledad cósmica que acababa de encontrar optó por dejarla partir.




5 comentaris:

colorcafe ha dit...

que wapu !!!! m´ha encantaaaat , i jo intentant estar una hora en silensi , sota l´ombra d´un arbre , seguin els consells d´Osho , ja ja j a em sembla que les enviaré juntas a donar un vol , la del arbre i la meva .

colorcafe ha dit...

a més a més estar super ben escrit , un plaer de veritat

Jacint Pau ha dit...

Ai, colorcafé... ets un sol.

Anònim ha dit...

Mientras volvía la mirada hacia aquel seductor y mudo espectáculo celeste oyó el ruido del motor. Ahora sí, se había quedado realmente solo.

Jacint Pau ha dit...

Pues, sí, un buen final.