dijous, 6 de gener de 2011

Auténtico

No era una copia –había visto muchas– era un original. Era auténtico y lo tenía delante de sus propios ojos; sólo con alargar los brazos podía tenerlo entre sus manos. El sueño de toda una vida estaba a unos segundos de sus dedos y, aún sabiendo que una ocasión así difícilmente se repetiría, prefirió conservar el sueño intacto y ni siquiera lo rozó: deslumbrado, tan solo lo admiró. Ahí estaba y allí se quedó, en el escaparate, en medio de cristales rotos, con destellos rojo y azul sirena del coche policial que ya había llegado. Cuando se lo llevaban esposado, el Rolex, todavía brillaba en sus pupilas. En el trayecto a la comisaría únicamente pronunció una palabra: auténtico.