dissabte, 22 de gener de 2011

Monólogos


Un día más he intentado hacerle comprender a mi gato algo tan simple como que un no: es un no. Pero es obvio que no entiende nada de lo que le digo –y no es poco– y sigue haciendo la suya. Por mi parte, tampoco consigo entender nada de lo que él dice; claro que, dada la escasez de su vocabulario, tampoco se puede esperar de él grandes disertaciones: todas las variantes de miu, mau, meu, y un murrumeu que sólo utiliza cuando está muy contento o muy cabreado, a saber porqué. En estas condiciones es sumamente improbable que lleguemos a mantener una conversación interesante, ni tan siquiera darnos un elemental buenos días. Por lo demás, normal. Lo que no es tan normal es que hablando el mismo idioma, marcados por la misma cultura, en definitiva en las mismas o similares condiciones, nosotros, los humanos  –al menos la mayoría– no seamos capaces de entendernos. Y esto ya cuesta un poco más de aceptar.  Por lo visto, lo nuestro, tanto en el primer caso como en el segundo se trataría de diálogos (?) de monólogos. En fin, habrá que prestar más atención a la comunicación no verbal.