dimarts, 29 de març de 2011

Estoy aquí

Se quedó con la mirada fija en la punta de su propio zapato después de que éste aplastara con fuerza, pero con desgana, el cigarrillo apenas empezado. No conseguía apartar su imagen de su cabeza, se había incrustado en su cerebro: sus ojos, sus labios, la curva de sus hombros. No había pasado ni una hora desde que la había visto por primer vez –y, a lo peor, quizás sería la última– y, en cambio, era como si la hubiese conocido desde siempre. Su figura le envolvía por completo: se la imaginaba andando, leyendo, comiendo, riendo, creaba situaciones con ella siempre en el centro como si nada ni nadie más existiese. Y luego, como abducido, sin apartar los ojos de la punta de su zapato se soltó, se dejó llevar, se imaginó que la besaba, que le acariciaba los hombros, la cintura y después le besaba el cuello y le acariciaba los pechos. Después le besaba los pechos y le acariciaba la cintura y le besaba la boca, los ojos, los hombros y otra vez los pechos mientras acariciaba sus espalda... Entonces sintió un escalofrío, un aliento acercándose a su oreja y un susurro: estoy aquí.