dijous, 6 de desembre de 2012

After bite

Miro como el gato mira. Miro atentamente como él atentamente mira algo que yo no veo y que, por los movimientos que él describe con la cabeza, ese algo que yo no veo, vuela. Quizás, quien sabe, un fantasma. Un fantasma que yo, como la mayoría de los humanos que no estamos capacitados para verlos, no veo pero que estar está, existe –a su manera– y vuela; el gato lo ve. Y si no es así, una de dos: o el gato está loco o el loco de remate soy yo (hay veces que dudo de quien es qué de los dos); no siempre está tan claro. En esta ocasión, sin embargo, no hay duda, no hay enigma, ni el gato está loco ni hay tal fantasma, sólo un mosquito que, aunque sigo sin verlo, ya lo noto, pues ya me ha picado. Lo mismo nos pasa a los consumidores-espectadores de esta parte de acá con el gobierno –el qué sea– que, mientras miramos como este hace ver que hace sin que seamos capaces de ver lo que hace ver que hace, de repente, nos pica la economía –por decir algo–. Y ahí la hemos jodido, el After Bite no nos sirve.